EL CIVISMO Y LA PREVENCION VIAL

Una misma persona tiene diferentes visiones del uso del espacio público, en función de su motivación, de las necesidades propias de cada momento y también de su responsabilidad pública. Pero hay que cumplir unas exigencias mínimas de seguridad y entorno destinadas a los usuarios menos protegidos.

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Un peatón que quiere pasear desea un entorno diferente al que necesita una persona que sólo se desplaza andando desde su despacho para asistir a una reunión cercana. Y si se decide a usar el autobús cambiará también su percepción del diseño adecuado (y no digamos si decide moverse en coche).


Peatones y ciclistas deben estar al tanto de las reformas del reglamento de circulación sobre formas de movilidad y utilización de los nuevos vehículos. El respeto al medio ambiente no debe estar reñido con una circulación fluida y segura.

En paralelo, acompañar a nuestros hijos en coche y facilitarles que puedan bajar en la misma puerta del colegio nos puede suponer: por un lado, el peligro de la escasa visibilidad que puedan tener nuestros pequeños mientras realizan el trayecto a pie y, por otro, participar en un embotellamiento que dificulte la circulación entre vehículos.

Se trata, por tanto, de un espacio compartido por todos los usuarios y que parte de la convivencia y respeto por las normas que regulan nuestro modo de vida. Un aprendizaje en la conducción que no esté enfocado en sus comienzos desde el civismo puede que a la larga haga más difícil la convivencia.

Si además, con el paso del tiempo, resulta necesario convencer para aplicar los conocimientos adquiridos, no sólo de saber sino también de saber estar, puede que se den muestras de fracaso. Dicho de otra manera: no es lo mismo conducir que circular.

No podemos priorizar el aprobado sobre lo aprendido, no vale aprender sólo para aprobar un examen y menos aún cuando un error, a los mandos de cualquier vehículo, nos puede costar la vida.

En muy pocas avenidas caben aceras generosas, carriles para bus y ciclistas, áreas verdes y carriles de circulación con refugios para los peatones entre ambos sentidos de circulación.

En muchas calles resulta necesario agrupar los diferentes usos en espacios compartidos. Esta solución solamente puede arrojar un resultado aceptable si se ajustan las velocidades de los usuarios que comparten este espacio. De aquí proviene la recomendación de conferir un nuevo uso al espacio público, adaptándolo principalmente a los humanos y no a las máquinas.